La luz que no puedes ver
“Caen del cielo como una lluvia al anochecer, sobrevuelan la muralla, hacen piruetas sobre los tejados, revolotean sobre los barrancos y entre las casas. Calles enteras se mecen al ritmo de los destellos blancos sobre los adoquines. «Mensaje urgente para los habitantes de la ciudad —dicen las octavillas—. Salgan de inmediato a campo abierto». Sube la marea. En lo alto cuelga una luna pequeña, amarilla, creciente. Hacia el este, sobre los tejados de los hoteles que hay frente al mar y en sus jardines traseros, seis unidades de la artillería pesada norteamericana cargan proyectiles incendiarios en la boca de los morteros.”

Así doy comienzo a la lectura de La luz que no puedes ver, la novela de Anthony Doerr, reciente ganadora del Premio Pulitzer 2015. Antes de leer una obra de ficción, le echo un vistazo al indice, al comienzo de los capítulos, más no el final. Abro una página en cualquier parte del libro y extraigo un fragmento. Si el ritmo es agradable, sé que la historia lo será. Me inmerso en la aventura.

El parrafo transcrito pertenece a Octavillas, el título con que da comienzo esta novela fragmentaria, descriptiva. Espero encontrar una buena luz al final.